Conservas Luliña
Las conservas de la Ría de Arousa.
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Una casa, una región
Hay un sitio en Galicia donde la conserva tiene su corazón histórico: la Ría de Arousa. En sus inmediaciones se fabrican todas las latas de Conservas Luliña.
La casa se resume en dos ideas: elaboración tradicional y respeto de verdad al medioambiente. Se nota en el gesto —mejillones cocidos, limpiados a mano y colocados uno a uno en la lata— y se nota en las recetas, que son cortas: berberechos con agua y sal, pulpo con aceite de oliva y ajo, chipirones guisados en una salsa negra.
Y hay una cifra en lugar de un eslogan: por cada lata vendida, Luliña dona 0,15 € a la Fundación Ecomar para su proyecto de limpieza de costas. Está impreso en el dorso de cada caja.
Cómo trabajan
Pocos pasos y mucha mano. Los mejillones vienen de las bateas de las rías gallegas, ese cultivo en cuerdas suspendidas en el agua: se cuecen, se limpian a mano, se fríen y después se seleccionan y se colocan a mano, pieza a pieza, en cada lata. El resto de la gama sigue la misma lógica de lista corta: berberecho, agua y sal; pulpo, aceite de oliva, ajo y sal. Un único formato para todo, la lata de 120 ml, la que se abre entre dos.

Por qué los elegimos
Mi madre es de Ourense: el mar gallego llegó a mi mesa mucho antes que a mi tienda. Elegí Luliña porque hace las latas como me gusta comerlas —pequeñas, de recetas cortas, con el mejillón colocado a mano y el berberecho con nada más que agua y sal—. Y porque quince céntimos de cada lata vuelven a limpiar la costa de la que sale todo esto. Un domingo por la mañana abro una de pulpo al ajillo, tuesto pan, y la comida ya ha empezado.
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