Belluga Gourmet
La Serrana de Espadán, una variedad que casi no se encuentra en ningún otro sitio.
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Una casa, una región
Segorbe está tierra adentro, en el Alto Palancia, en la provincia de Castellón. Llegó a tener casi ochenta almazaras. En una de ellas, del siglo XX, abrió en 2006 el Museo del Aceite de Segorbe, que recibió el Primer Premio Nacional AEMO a la promoción y difusión de la cultura del olivo.
Dentro de ese museo está la tienda de Belluga Gourmet. La llevan José Luis y Teresa, nietos de Luis y Carmen, agricultores. Vender aceite y contar de dónde viene son, para ellos, la misma tarea.
Su colección familiar lleva nombres de casa: El Abuelo, de Serrana de Espadán de olivos centenarios de secano; Claudia, de Koroneiki; Martín, de Frantoio de los regadíos de Segorbe. En Suiza empezamos por dos referencias: la botella First y la lata Selección.
Cómo trabajan
La Serrana de Espadán es la aceituna de allí: autóctona del Alto Palancia y el Alto Mijares, en el entorno de la Sierra Calderona, y casi no se encuentra fuera de ahí. Eso es lo que la separa de los otros aceites del estante: La Chinata trabaja Manzanilla Cacereña, Almazara Terraverne Hojiblanca, Finca La Barca viene de La Vera. Esta variedad casi nadie la ha probado fuera de esas montañas. Los dos formatos que traemos: la botella verde de 500 ml, con tapón blanco, y la lata dorada de 250 ml, opaca, que no deja pasar la luz. Guárdalos en sitio fresco y seco, lejos del fuego, y una vez abiertos termínalos en unos meses.

Por qué los elegimos
Mi padre es de Sueca, y en el estante ya teníamos aceite de Extremadura y de Andalucía, que es de donde suelo verlos llegar. Buscaba algo del Levante que no se pareciera a nada de lo que ya vendo, y la Serrana de Espadán lo es: una aceituna que casi no se encuentra fuera de esas montañas de Castellón. Me convenció además dónde los encontré. José Luis y Teresa son nietos de Luis y Carmen, agricultores, y tienen la tienda dentro del Museo del Aceite de Segorbe, una antigua almazara de las casi ochenta que llegó a haber en el pueblo. La lata de 250 ml me pareció la puerta de entrada perfecta: cuesta poco, cabe en cualquier cocina y se acaba antes de que el aceite envejezca. Si te gusta, después está la botella.

